Diletantes

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miércoles, marzo 29, 2006

Participar. Esa es la cuestión

Jean Jacques Rousseau. El Contrato Social
Siempre que discuto con alguien sobre los males que nos aquejan a los Argentinos, me viene a la mente un párrafo de "El contrato social" la maravillosa obra de Jean Jacques Rousseau, cuya lectura, para nada tediosa, les recomiendo fervientemente.
Hablando de los vicios que llevan a un Estado a su ruina, y refiriéndose en particular a la delegación en representantes del poder legislativo, dice:
"Tan pronto como el servicio público deja de ser la principal ocupación de los ciudadanos, y que éstos quieren servir con su bolsa antes que con su persona, se encuentra ya el Estado muy cerca de su ruina. ¿Es preciso ir a la guerra? Pagan tropas y se quedan en casa. ¿Es preciso ir al consejo? Nombran diputados y se quedan en casa. A fuerza de pereza y de dinero, tienen en fin soldados para esclavizar la patria y representantes para venderla."
Este párrafo escrito en el siglo XVIII, describe con precisión la causa de todos los males políticos que nos aquejan. Hoy vencidos por la comodidad, por el individualismo hemos roto el pacto social que da origen al Estado, el soberano del que todos formamos parte, ha dejado en manos del príncipe (el gobierno) todo su poder y este ha degenerado de forma tal que la voluntad general ya no existe y ha sido reemplazada por la voluntad de las corporaciones que nos gobiernan.
Algo francamente revelador que se desprende de este párrafo, es que la democracia representativa es una farsa, pues los representantes conforman un cuerpo distinto de aquél del Estado y por lo tanto la voluntad de sus miembros es la voluntad de un subconjunto del pueblo y no la voluntad general que es la que debería regir todos los actos del Estado.
Con los avances tecnológicos en materia de comunicaciones creo que hoy no sería tan descabellado pensar en un sistema de participación directa en que la voluntad general pueda expresarse más frecuentemente.

Hasta la próxima.

Nota: lo que he expresado aquí no es lo más importante de "El contrato Social" es sólo una curiosidad. El libro es de una profundidad asombrosa.

3 Comentarios:

  • At 10:55 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Walter,
    Como verás, tengo tiempo de sobra esta noche, y también opinaré sobre este post.
    Es interesante lo de la "democracia directa" que proponés (si mal no recuerdo, Bobbio tiene hecha una tesis al respecto), aunque en mi opinión, sumamente impracticable, por dos razones:
    (1) El común de la gente no está capacitado para opinar sobre la inmensa mayoría de las leyes que dicta un parlamento. Ejemplo: "Doña Rosa, por favor vote sobre si el fuero de atracción dispuesto por la ley de concursos y quiebras debe hacerse extensivo a las causas de origen laboral"
    (2) A la inmensa mayoría de la gente, no le interesa gobernar y ni siquiera gobernarse. Prefiere hacer su vida y que otros asuman esa responsabilidad, que requiere de una especial vocación por el poder, la cosa pública y (ojalá) el bien común. No se si esto es bueno o malo, pero es así, desde que el hombre es hombre. Siempre han existido líderes, a los que el resto ha elegido seguir, para bien o para mal. Pretender que toda la sociedad asuma este rol, no sólo es una utopía, sino que (al menos en mi opinión) implica una lisa y llana contradicción con la naturaleza humana.
    Con respecto al Contrato Social, efectivamente es un libro muy profundo, aunque me temo que no comparto con él su tesis principal, que resumiré aquí muy toscamente: El hombre se asocia con otros hombres por conveniencia mutua y se ese modo se "construye" la sociedad.
    Pues bien, yo creo que la sociedad no es un producto de ninguna decisión humana, sino de la naturaleza.
    Bueno, en este caso no la sigo, porque sobre este tema podría escribir durante dos dias.
    Slds,
    Martín

     
  • At 5:49 p. m., Blogger Walter said…

    Gracias por tu comentario. Bueno justamente yo comparto la tesis de Rousseau, no creo que él diga que el acto de asociarse responda a una decisión explícita, sino que el ser humano, en tanto racional, se da naturalmente a formar sociedades por las causas que Rousseau expone en su obra.
    En cuanto a la erudición necesaria para votar leyes, es cierto que debe haber personas especializadas, pero tu sabes que las leyes tienen un espíritu. Ese espíritu es algo que todos podemos comprender. Por otro lado las leyes se aplican a todos y por lo tanto todos debemos estar de acuerdo en lo que ellas dictan. Quizá no entendiendo mucho lo del fuero de atracción, etc., etc., podría yo preguntarte, y eso que efecto tiene, entonces tú especialista me lo explicarías, y luego consultaría yo a otro y a otro especialista y podría formarme una opinión. Es decir una forma sería que todos votemos la sustancia de la ley y luego los especialistas se encarguen de los tecnicismos. No hace falta ser un erudito en ningún tema para saber uno qué es lo que más le conviene.
    En cuanto a la segunda razón. Bien eso es justamente el desapego del que habla Rousseau y, según él, la causa de la ruina de los pueblos.

    Un saludo
    Walter.

     
  • At 1:35 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Intentaré explicarme mejor:
    1. En cuanto a la posibilidad de consultar especialistas y así formar una opinión respecto de cada tema, a priori advierto que sería imposible, atendiendo a la inmensa cantidad y variedad de asuntos que maneja el Estado. De instrumentarse tal sistema, en efecto, todas las personas deberían abandonar sus vidas para dedicarlas a interiorizarse en las cuestiones públicas, y ni aún así llegarían a abarcarlas todas.
    Pero además, y esta es una objeción más de fondo, creo que esta posibilidad de pedir la opinión de especialistas para decidir sobre cada tema, ya existe, y se llama democracia representativa. Esto obedece a que el común de la gente jamás podría alcanzar el grado de erudición de los "especialistas" y finalmente, siempre terminaría decidiendo por aquel que le inspira más "confianza", más allá de las explicaciones que cada uno hubiera dado. Este es precisamente el objetivo del político: generar confianza. Cuando alguien vota un diputado, ignora que leyes concretas estarán sometidas a su análisis. Simplemente lo elige porque "confía" en que ese diputado elegirá en cada caso concreto, de un modo acorde a lo que él considera mejor o más prudente. Por supuesto que este sistema representativo dista de ser perfecto, y muchas veces los representantes toman caminos completamente ajenos a los que prometieron a sus votantes. Imagino que por ahí pasa tu crítica al sistema, aunque personalmente creo que el único remedio, es que la ciudadanía aprenda a usar cada día mejor su arma: el voto. Y si no lo hace, mucho menos podemos esperar que se "autogobierne".
    2. En cuanto a la falta de "actitud" o "apego" de la gente, estoy un poco más de acuerdo, y creo que este factor es determinante en el éxito de cualquier sociedad. Lo que resulta ilusorio -como dije antes- es suponer que la gente puede movilizarse espontaneamente en alguna dirección, sin contar con el liderazgo de otro. Esto no ha ocurrido jamás en la historia, y no hay motivos para suponer que pueda ocurrir ahora, ya que esta "delegación" en líderes, jefes, caciques, caudillos, o como se los quiera llamar, no parece emanar de una "decisión" de los hombres, sino de algo que los supera y excede: de su naturaleza humana. Ni siquiera es cierto que las revoluciones realizadas en nombre del "pueblo", hayan surgido genuinamente de éste. La gente puede haber acompañado más en algunos casos, y menos en otros, pero siempre liderados por personas que marcaron el rumbo, y en las que, en todo caso, la gente decidió confiar.
    A modo de conclusión: La inclinación a delegar responsabilidades en ciertas personas (a las que se confiere de ese modo poder) es inherente a la naturaleza humana, y no resulta posible modificarla. Lo que se puede (y se debe hacer) es exigir que ese poder sea usado para buscar el bien común. Como ejercer ese control? Mediante el voto.
    Muy bueno el blog, y espero que aparezcan otros opinólogos!
    Saludos,
    Martín

     

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